Era un día cálido,
diría que demasiado para ser 30 de noviembre. Toque en la puerta, entre y acto
seguido me pare, sabía qué venia ahora, “la pregunta”. Me tocaba clase de
lengua a primera y era costumbre de la profesora hacerles preguntas a todo
aquel que se retrasara, ese día, me toco a mí.
-¿Cuál es el sentido
de tu vida?- Me preguntó.
Yo no sabía que
responder, que estaría bien o que estaría mal, no tenía ganas de pensar, estaba
nerviosa, no tenía palabras. Así que solté lo primero que me vino a la cabeza,
-¿La muerte?
En parte era cierto
lo que decía, todos vivimos para, un tiempo después, morir. Pero… ahora que lo
pienso mejor, creo haber encontrado lo que puede llegar a ser el sentido de mi
vida.
Quizás el sentido de
mi vida sea poder llegar a una estrella algún día, llegar y descubrir mil cosas
a cerca de ella, eso sí, intentaría escapar antes de que explotara, como lo han
hecho ya unas cuantas. Intentaría huir de la explosión que tanto daño me haría,
esas que tanto daño me han hecho ya.
O Quizás el sentido
de mi vida sea rendirme, no perder el tiempo en fijarme en ese brillo superior al ordinario que desprende esa
estrella. Simplemente, debería olvidarme de ella.
Será difícil, pues
¿quién es capaz de olvidarse de una estrella tan potente, de la noche a la
mañana?
Pero lo hare.
Quizás sea ahí cuando
me dé cuenta en realidad de que el verdadero sentido de mi vida es amar. Amar
por encima de todo. Amarlo todo. Amar poder ir caminando por la calle y sonreír
de la nada porque estas viva. Amar
respirar el olor de las calles mojadas en un día lluvioso. Amar ver felices a
los tuyos y compartir su felicidad. Amarte a ti y Amarme a mí.
Amar por el simple
hecho de que no está prohibido. Todos piensan que amar es malo, pero, ¿no lo es
todavía más no amar?
Seguro que si te
paras a pensar, no sería nada de ti si no te amasen, si no te demostrasen que
hay alguien en la vida para quien eres importante. Madre, padre, hermano,
hermana, novio, novia, no importa quien sea.
Así que ama tu
también, pase lo que pase, no pierdas esa “mala costumbre” de amarlo todo, de
amar a las personas y de amar lo que haces.
Ama tanto como yo amo
a las estrellas, a esa estrella, a su estrella.
