domingo, 3 de diciembre de 2017

Su estrella







Era un día cálido, diría que demasiado para ser 30 de noviembre. Toque en la puerta, entre y acto seguido me pare, sabía qué venia ahora, “la pregunta”. Me tocaba clase de lengua a primera y era costumbre de la profesora hacerles preguntas a todo aquel que se retrasara, ese día, me toco a mí.
-¿Cuál es el sentido de tu vida?- Me preguntó.
Yo no sabía que responder, que estaría bien o que estaría mal, no tenía ganas de pensar, estaba nerviosa, no tenía palabras. Así que solté lo primero que me vino a la cabeza,
-¿La muerte?
En parte era cierto lo que decía, todos vivimos para, un tiempo después, morir. Pero… ahora que lo pienso mejor, creo haber encontrado lo que puede llegar a ser el sentido de mi vida.
Quizás el sentido de mi vida sea poder llegar a una estrella algún día, llegar y descubrir mil cosas a cerca de ella, eso sí, intentaría escapar antes de que explotara, como lo han hecho ya unas cuantas. Intentaría huir de la explosión que tanto daño me haría, esas que tanto daño me han hecho ya.
O Quizás el sentido de mi vida sea rendirme, no perder el tiempo en fijarme en ese brillo superior al ordinario que desprende esa estrella. Simplemente, debería olvidarme de ella.
Será difícil, pues ¿quién es capaz de olvidarse de una estrella tan potente, de la noche a la mañana?
Pero lo hare.
Quizás sea ahí cuando me dé cuenta en realidad de que el verdadero sentido de mi vida es amar. Amar por encima de todo. Amarlo todo. Amar poder ir caminando por la calle y sonreír de la nada porque estas viva.  Amar respirar el olor de las calles mojadas en un día lluvioso. Amar ver felices a los tuyos y compartir su felicidad. Amarte a ti y Amarme a mí.
Amar por el simple hecho de que no está prohibido. Todos piensan que amar es malo, pero, ¿no lo es todavía más no amar?
Seguro que si te paras a pensar, no sería nada de ti si no te amasen, si no te demostrasen que hay alguien en la vida para quien eres importante. Madre, padre, hermano, hermana, novio, novia, no importa quien sea.
Así que ama tu también, pase lo que pase, no pierdas esa “mala costumbre” de amarlo todo, de amar a las personas y de amar lo que haces.

Ama tanto como yo amo a las estrellas, a esa estrella, a su estrella.

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